domingo, 19 de enero de 2025

PROTAGONISTAS SECUNDARIOS

 


Ratisbona es una ciudad alemana situada a la orilla del Danubio. En su casco histórico, bien conservado, llaman la atención algunas casas-torre a imitación de las que existían en la Toscana; son, aparte de los dos primeros pisos, pura apariencia, espacio vacío; una forma de ostentación. En el centro de la ciudad se alza su imponente catedral de estilo gótico francés.

Al llegar a la ciudad, navegando Danubio arriba, dos construcciones llaman poderosamente la atención: la catedral y el inmenso puente de piedra. Ambos tienen en común haber sido construidos en época medieval. El puente sufrió desperfectos a lo largo de la historia, por tanto, ha necesitado muchas reformas; la última durante la década pasada; desde entonces es únicamente peatonal.

A la largo del mes de diciembre, con la proximidad de las navidades, se instalan mercadillos en multitud de ciudades y pueblos de Alemania. En Ratisbona, hay varios en esta época. Uno de ellos está precisamente al otro lado del puente. Por ello no es de extrañar que deambule por él un auténtico hormiguero de gente. Cuando volvía de visitar dicho mercadillo tomé la fotografía protagonista de esta historia. Quería aprovechar la línea que marca el pretil del puente para dirigir la vista hacia las torres de la catedral recortadas sobre un tejado de pendiente vertiginosa y detrás de la puerta de entrada al puente.

Aunque no lo pretendía cuando hice la foto, quiero centrarme ahora en otros detalles y hacerlos a ellos protagonistas.  La foto se toma a las dos y meda de la tarde, según indica el reloj de la torre-puerta de acceso al puente.  ¡Cuánta gente a esa hora! Van y vienen abrigados; seguro que hace frío. Algunos pasan, sin más, en dirección a la entrada del puente; ya visitaron el mercadillo; no sabemos si les gustó o no. Hay un grupo de tres personas paradas cerca de la salida; comentan, miran fotos, planean actividades… Frente a nosotros están los que vienen. El fotógrafo los sorprende y su reacción es diferente. Un señor, de pelo y barba entrecanos va caminando dentro de su propio mundo, indiferente a la multitud que le rodea. La muchacha de abrigo blanco y gorro azul charla amigablemente con alguien a quien no vemos; debe de ser una conversación alegre pues ella está sonriente. Más adelante, otra señora parece sorprendida por el fotógrafo y vuelve ligeramente la cabeza como no queriendo salir en la foto. Ya, en primer plano, este joven alegre que saca su lengua como haciendo un guiño cómplice al fotógrafo.

Podemos abrir todavía más la amplitud de nuestra vista y salirnos de la línea que marca el pretil del puente; ahí están, en el agua del río, los reflejos de los coloridos edificios de la derecha de la imagen. Y si apuramos un poco y nos acercamos más, bajo el arco vemos colgados motivos navideños. ¡Cuántas cosas se nos ocultan detrás de la primera mirada! No renunciemos a ella, pero miremos una segunda una tercera vez…o las que sean precisas hasta percibir cada uno de los elementos que componen el conjunto de la escena.

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