lunes, 3 de marzo de 2025

LA COSA PERDIDA

Ahora, aunque astroso, deshilachado y viejo, soy tan feliz dando cobijo y calor a estos indefensos ratoncillos que hasta mi boca raída, aplastada y deforme intenta esbozar una sonrisa.

Pero mi historia comenzó mucho tiempo atrás. Entonces ya había dejado de pensar, de idear planes, de tener expectativas. Resignado a mi suerte había renunciado a toda esperanza. Así, instalado al otro lado de la desesperación, perdí la cuenta de los días, de los meses… ¿Cuántos años colgado en esta cuerda destensada y mohosa, uncido a ella de manera permanente?

Aquí todo es silencio; tan sólo el débil murmullo de las polillas al roer la madera lo perturba. Multitud de cosas inútiles me acompañan, mudas y sordas: ese cesto de mimbres destejidos, el cuadro con el cristal roto y su virgen desteñida, aquellos pucheros de barro desportillados, la silla quebrada y sin respaldo… todos, definitivamente, fuera del tiempo.

Pero hoy, no sé por qué, esa tenue luz que, como cada día, sorteando las tejas rotas y descolocadas del tejado, atraviesa las nubes de telarañas del techo, ha turbado mi quietud y me ha traído recuerdos pasados que de nuevo me hieren y martirizan. Me veo dentro de un balde de hojalata en confusa compañía de cosas como yo. Una a una nos colgaron en esta cuerda, entonces tensa y limpia; las recuerdo a mi lado; nos hacíamos compañía; nos distraía un sonido intermitente de gotas de agua bajo nosotras. Yo estaba en el extremo de la cuerda; a mi lado, una camisa; más allá, otros calcetines, toallas, medias, camisetas, pañuelos, bragas…

Al día siguiente, una señora de andar lento y rostro fatigado de años, fue descolgando cada una de aquellas prendas, pero, a mí, me dejó allí olvidado; tal vez pensaría recogerme más tarde... Jamás vino a buscarme.

Todo fue silencio hasta que aquella mortecina luz turbara la quietud en la que estaba sumido. Oí voces y ruido; unos hombres entraron en el desván; metieron en sacos todos los cachivaches y trastos; a mí me tocó la misma suerte y acabé en una de aquellas sacas. Dentro reinaba la confusión y el desorden. Lo que ocurrió después fue tan rápido que hasta los recuerdos me han abandonado. Sólo me queda una sensación borrosa de haber caído en un lugar extraño, lleno de cosas extrañas. El resto, hasta llegar a la ratonera, es historia sin importancia.

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