He atravesado el espejo. Lo he sabido nada más verme rodeado
de una bruma densa y pegajosa. Pero dentro de ella hay algo, impreciso y cierto
a la vez, que me impulsa, me impele, me arrastra…a una carrera frenética. Es un
correr alocado a lo largo de la ribera de un río. Hierbas, cardos y malezas me
golpean y me hieren, pero yo sólo oigo, en medio de la oscuridad que me
envuelve, una voz, una llamada incandescente que me atrae y tira de mí. Cruzo el río saltando entre las piedras de la
corriente como un poseso. Un relámpago de luz o de miedo me hace ver el vacío
al que me acerco y quiero dar la vuelta. “Hay un muerto en el río; hay un
muerto entre los juncos”, me parece oír. Esas palabras o sonidos o
imaginaciones húmedas y frías trepan por mi garganta. Ahora es el miedo el que
se apodera de mí y un tropel siniestro de sombras, de miradas de cuencas vacías
y de garras me cerca, me alcanza, me aferra… De pronto, un fragor trasparente y
cristalino de vidrios rotos llena todo el ámbito… después, un leve murmullo que
se apaga; ya sólo veo niebla teñida de rojo.
miércoles, 19 de marzo de 2025
SIN TÍTULO
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario