jueves, 20 de febrero de 2025

EL TRIUNFO DE BACO

 

LOS BORRACHOS O EL TRIUNFO DE BACO


Por fin hemos conseguido acceder al Prado. Ya estamos en una de las salas dedicadas a Velázquez. Este primer cuadro que voy a comentarte es de considerables dimensiones, 1,65 x 2,25 y fue pintado entre los años 1628 y 1629.

La escena que representa parece desarrollarse en una zona campestre con unas colinas poco elevadas al fondo. Debe de estar mediada la tarde puesto que la luz que ilumina a los personajes parece proceder de poniente; lo mismo denotan los tonos levemente violetas con tintes sonrosados de las nubes. Las ramas y hojas verdes de la viña o parra situada a la izquierda nos permiten situar la escena en primavera avanzada o verano.

En la pintura hay nueve personajes distribuidos en dos partes bien diferenciadas; a la derecha, seis personas de edad madura, con facciones alegres y ojos vivarachos con cierto tinte ansioso. ¡Cómo te lo explicaría yo! A ver, ¿tú recuerdas aquella canción de los Bocheros que decía “los borrachos en el cementerio tienen salud”? Pues ese es su aspecto, si puedes imaginártelo; borrachos, pero suficientemente cuerdos aun para ser atrevidos e iconoclastas.

A la izquierda, de donde viene la luz, hay otro grupo más reducido; son tres. Uno está destacado en primer término; la luz resalta su importancia y lo convierte en el núcleo; en torno a él se organiza toda la escena de la pintura.

En este cuadro, como en la Fragua de Vulcano, se contraponen y conjugan a la vez la mitología clásica y la realidad de la época. El personaje central, Baco, está sentado en una especie de trono desde el que ensalza y condecora con corona de hojas de parra a los que son dignos de entrar en su cielo porque han bebido lo suficiente para ser considerados borrachos.

Detrás de Baco aparece, con una copa de licor en la mano, uno de sus ayudantes celestiales que mira complacido y anima a los personajes zaparrastrosos de la derecha del cuadro a hacer los méritos necesarios para acceder al lado luminoso. Vemos, de espaldas, a uno que ya lo ha conseguido. Agachado o arrodillado ante Baco le rinde pleitesía, pero ya está coronado con las hojas de parra.

A punto de pasar al Olimpo en trance de coronación está el primero de los mortales de la derecha; no le vemos la cara, pero sabemos que ha escanciado ya una buena cantidad de licor; la botella vacía y el jarrillo a su lado así lo atestiguan. El siguiente en esa cola de aproximación a Baco parece un bandolero de Sierra Morena. A su lado, otros dos en la misma actitud alegre y ansiosa por recibir el premio; para ello muestran sus méritos bebedores: una fuente rebosante de vino, el más cercano y copa y vaso llenos, los otros dos. Si esto no fuera suficiente, el color fuertemente enrojecido de sus rostros bastaría.

Todavía detrás de estos tres citados aparecen dos más como rogando, por las expresiones de sus rostros, que no se olviden de ellos, que los tengan en cuenta.

Ahora quiero detenerme con más precisión en la figura del dios Baco. Está bañado de luz blanca, casi transparente; ¿puedes imaginarlo? Esa luz, al incidir sobre él, resalta sus formas, su torso, su brazo, su rostro con tintes suavemente rojizos, sus labios carnosos… Y esa mirada hacia afuera del cuadro que parece una invitación a pasar de este lado de la vida, oscuro, con dolores, penas, pobreza…a la luz, a la luz más luminosa de un Olimpo magnífico a través del divertido trámite de la bebida.

¡Hay tantas otras que no acierto a exponerte con lucidez para que aprecies en su totalidad la magnificencia de “Los Borrachos o El Triunfo de Baco!

Como te decía al principio, esta pintura de Velázquez puede considerarse una contraposición entre lo divino luminoso y lo terrenal oscuro; entre la luz y la sombra. O, tal vez, sea sólo la revelación por parte de Velázquez de dos corrientes pictóricas distintas que influyeron en su pintura: la renacentista italiana y la más oscura y tenebrosa en la línea de pintores españoles como Ribera

No hay comentarios:

Publicar un comentario