Está sentada en un sofá viejo, roto, descompuesto todo. Fuma. Al lado, un café que ya se ha quedado frío. Tiene la mirada desvaída, triste, perdida en una nebulosa de días inciertos. De pronto, como un fogonazo brutal estalla ante ella aquel momento lejano; siente en toda su crudeza, otra vez, el impacto inevitable contra la nube compacta de oscuridades que se cruzó en su camino, en su vida. En un instante, todo había sido negrura.
Mueve la cabeza a un lado y a otro; escupe lo que queda del
cigarrillo; lo pisa instintivamente y lo restriega contra el suelo. ¿Qué pasó
ese día maldito e innombrable? Ni quiere ni puede apenas pensar en ello; está
convencida de que el azar, el caos más bien, que gobierna y dirige todo cometió
un error; un error imperdonable; nunca debió sobrevivir a la nube.
Han pasado muchos años desde entonces, pero no para ella;
para ella el tiempo se detuvo allí y quedó anclada al cúmulo de oscuridades que
la derribó. Acabaron los planes, los proyectos, las ilusiones…Derrotada
definitivamente; huérfana de futuro.
La expresión de sus ojos continúa perdida, sin luz, sin
objeto; mirar hacia atrás podría ser la última opción, pero hace mucho que
debió renunciar también a ello. Incluso el pasado le fue arrebatado; nada queda
de lo que ella fue. Todo borrado, eliminado en el momento exacto del impacto
contra aquella oscuridad tan densa. Ni pasado ni futuro, sólo el choque
violento y negro.
Toma un sorbo del café helado y enciende otro cigarrillo.
Sigue un día más en ese lugar sombrío, en ruinas, destartalado. Está allí, pero
no se siente dueña de él; como si no le perteneciera porque nada tiene que
quiera guardar o proteger. Su estancia es accidental; podría, incluso, estar
bajo un puente, abierto a todo. ¿Quién le va a robar lo que no tiene? Ni
siquiera identidad; todo lo que fue, lo que pudo ser quedó atrapado, engullido
en aquella negrura. Desde entonces es como un autómata; si algún tipo de
pensamiento le queda es negativo y autodestructivo.
A veces, entre un cigarrillo y otro o entre sorbo y sorbo de café helado, imagina que tuvo un día algo parecido a deseos de ser una más, de no llamar la atención, de vivir situaciones vulgares, de ser una parte de la gente anónima, corriente… Pero no está segura de esos pensamientos; no, no los pudo tener; ella no piensa; su mente está vacía, como su mirada, abandonada e indolente.
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