¡Ay qué
engorro, qué locura,
cuán extraños garabatos,
qué inútiles aspavientos
trazas con dedos y manos
que se resuelven en nudos
y no logras que los lazos
queden sujetos y firmes
y bien atado el zapato!
¿La técnica
aprender quieres?
Yo te lo explico y aclaro
Mete un pie, también el otro.
No te confundas de lado,
el izquierdo en el izquierdo
y el derecho, sin dudarlo,
el derecho en el derecho.
Tómate un
breve descanso.
Ya tienes los pies metidos
cada uno en su zapato.
Pon atención que ahora llega
lo más valioso del caso:
ajustar los cordoncillos
que asoman por ambos lados.
Puedes estar de rodillas,
más cómodo si sentado.
Ante tu vista aparece
cada pie con su calzado.
Empieza por el que quieras,
no hay preferencia ni grado;
uno sólo cada vez,
no te pueda el arrebato
y quieras atar los dos
con prisa y modo insensato.
Ten paciencia, mi lección
al final está llegando.
Toma presto los cordones,
uno con cada mano;
cruza de izquierda a derecha
y pásalo por debajo;
apriétalo firmemente…
Acabado el
primer paso,
vayamos con el segundo.
Forma un bucle con un lazo,
rodéalo con el otro,
mas no aprietes demasiado,
has de formar nuevo bucle
al pasar al otro lado.
Si las pautas has seguido
al fin te estás acercando;
tira fuerte de los bucles
y ya lo tienes atado.
Procede del mismo modo,
con el segundo zapato
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